lunes, 12 de octubre de 2009

Ni casco Ni uniforme



Cada año se repite esta triste historia. Los dardos de la crítica apuntan amenazadoramente al poder cuando este se tropieza con sus torpes piernas. Se viene la crisis dicen los de la tele entonces abajo y a la izquierda se urgen para darle una dirección al pueblo desarmado, al pueblo que debe liberarse pues así lo dijo el profeta barbudo. Pero de tanto que se repite la historia triste se empiezan a pasar por alto algunas cuestiones tan deprimentes, humillantes y jodidas como las que supone cualquier crisis.

La militarización por ejemplo, ese germen que el Estado maquilla en estos días casi como carrera universitaria, como un futuro prometedor lleno de esperanzas y beneficios. El mercado mientras eso signifique consumidores obedientes y trabajadores sumisos sigue sonriendo complacido mientras saca cuentas y cuentas, jugando con la crisis. ¿Qué crisis? la que sea.

Para muchos sectores el servicio militar nunca ha sido problema de nada, para algunos allá en la izquierda incluso les parece bien por el entrenamiento en armas que de ahí puede obtenerse. El entrenamiento les gusta parece. La obligatoriedad también. Y el autoritarismo para que decir.

Y por esos gustitos va la cosa. Por lo que el servicio militar presupone más allá de la violación de algún derecho humano escrito con otros cientos que los mismos escribidores después de cuando en cuando van borrando con el codo. Que el servicio militar siga funcionando tan tranquila y dichosamente es algo que presupone otra cuestión más oscura y siniestra que cualquier tropezón del sistema con cualquiera de sus ocho patas.

Más allá de las estructuras, es decir donde estas se estructuran es que se pare la trampa día a día: en el cotidiano. A punta de valores que se practican. La disciplina como obediencia por ejemplo, eso lo aprendimos todas en la escuela se acuerdan. O que ser ordenado, ser respetuoso es ser sumiso, calladito, no respondón. Y cosas así. Aquí es cuando a las anarquistas se nos trata de infantiles. Ahí es entonces cuando la represión más eficaz del sistema se hace visible y opera, estructurándose el poder como mediador de las relaciones sociales, el poder represivo, el poder del correcto sobre del que no sabe, del inadaptado. el poder de los que nos llaman infantiles porque estamos hilando fino, no como a muchos de ellos que les basta yendo a las reuniones del partido y votar por el compañero tanto que parece ser menos malo que el compañero cual.

Los valores del sistema son tramposos, Orwell escribió 1984 y ahí describe como operan a todos los niveles. Menos mal alguien hizo una película igual, así que ahí puede verse también un poco de eso. Lo otro es salir a la calle, o sentarse a tomar once en familia mientras dan 24 horas, ahí también se ve. En fin el asunto es que los valores del sistema se disfrazan de valores a seguir, que son buenos porque los proponen los de arriba, los ganadores, emprendedores, etc. La competencia por ejemplo, sin competencia nos dicen no podemos prosperar. Todas estas son trampitas que nos van poniendo, y digo trampitas porque hay otras que llevan mucho más rato y con el correr del tiempo se van no solo normalizando sino que naturalizando o lo que es peor invisibilizando.


El servicio militar es una de esas trampotas, y éste siendo obligatorio o flexible como le quieren poner ahora, sigue siendo lo mismo. Una ordenanza autoritaria para correr a servir a las filas del Estado, en nombre de símbolos como la bandera, el escudo que representan ese imaginario que es la patria, la patria que se supone somos todos, y como somos muy unidos debemos resguardarnos de los extranjeros que pueden atacarnos para tomar lo nuestro. Parece lindo ¿no? Que bonita la historia. Pero sabemos gracias a la misma (la historia) que las cosas no son así. Sabemos que las pobres somos carne de cañón. Sabemos que cuando los gobernantes, los empresarios se acuerdan del pueblo es porque lo quieren para carne de cañón, para que los pobres se maten con otros pobres, sean de la patria que sean, incluso de la misma. Les da lo mismo. Lo importante es mantener sus negocios en orden. Y el orden de esos negocios es lo que quieren que creamos es el orden de todos, la famosa "paz ciudadana" de la que habla la concertación.

Por lo tanto no hay por que confiar en las formas de como se aplica esa ordenanza, que ellos llaman reclutamiento, y que ahora dicen es voluntario. Sea entonces obligatorio o flexible, el ejercito es la escuela del crimen puesto que corrompe las conciencias, despoja al y a la ser humanx de sus valores, de su intelecto, de sus facultades, de su condición misma. El ejercito junto con las cárceles son las piernas más fuertes, más robustas y antiguas del sistema, y lamentablemente las que menos dardos reciben. Aún cuando el Estado claro que sí y el asolapado mercado se benefician de estas instituciones terroristas y alienantes, produciendo formas de vida que son de muerte, de humillación y miseria.

aporte desde El Entero de comunicación libertario El oveja Negra

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